viernes, 24 de octubre de 2014





Cuando Dios nos hizo hombres y mujeres en este bendito universo, nos dio entre otros preciados dones el libre albedrío… Y nuestra vida como seres humanos transcurre a partir de las decisiones que tomamos.

Elegimos con quién estar, qué hacer, qué sentir… la certeza de haber optado para bien la tenemos sólo en algunas ocasiones… y es por eso que la felicidad es un anhelo tan preciado que parece estar al alcance de nuestras manos y, sin embargo, muchas veces se nos escapa dejándonos un sabor amargo en la garganta…

En esos momentos cada uno de nosotros decide cómo vivir: con alegría, optimismo y entusiasmo o por el contrario con tristeza, desazón y desánimo. En esta encrucijada te conocimos a vos Susana, sabia mujer que supo mirar hacia adelante afrontando desafíos con la valentía que dan los años vividos con dignidad, entrega y pasión.

Elegiste ser docente, maestra en salitas y grados de diferentes escuelas hasta que te sumaste a la nuestra. Con humildad, sencillez y practicidad te incorporaste al grupo y ocupaste tu lugar aportando ideas, siempre pensando en los niños, en sus posibilidades, en cómo resolver junto a ellos sus dificultades… Muchas generaciones te guardarán en sus memorias y te tendrán en sus corazones como “la dulce y paciente Seño Susy”.



Pasó el tiempo y entre colegas surgió un vínculo de afecto, cariño y por qué no de amistad. Algunas te conocían desde siempre, otras habían compartido la tarea de enseñar junto a vos en diferentes escuelas y unas pocas tuvimos el privilegio de conocerte en estos últimos años. Compartimos junto a vos la dicha y la felicidad… ésa que sentías cuando hablabas de los logros de Maga, Leti, Joa y Lula. Madre orgullosa, madre presente, madre amorosa.

Finalmente, los años de bonanza se empañaron hace unos meses cuando escuchamos de tu boca palabras que sonaban crueles, tremendas, difíciles de soportar porque se referían a tu salud, y a lo que necesitabas hacer para conservarla. Sin embargo, con tu voz suave, tu sonrisa espontánea y tu luz interior nos convencías diciendo que todo iba a salir bien y nos dabas fuerzas y ánimo para seguir acompañándote de cerca.

En estos meses, aprendimos a querer aún más a tus hijos, tus tesoros… dignos herederos de su madre: hombre y mujeres de bien, dispuestos a lidiar junto a vos, a afrontar dificultades y sortear obstáculos…

Y en este ir y venir de los días vividos a la distancia, te vimos dándole batalla a la enfermedad, haciendo que la vida se impusiera ante la muerte. Hiciste todo y más… Dios sabrá recompensarte por tu actitud de honrar la vida.

Te vamos a extrañar; no podremos evitarlo… pero aquí, en este lugar sagrado, frente a todos los que te conocieron y amaron profundamente, prometemos recordarte con gusto, en cada festejo junto a los niños, nuestros alumnos y sus familias, en cada encuentro entre colegas… porque así fue tu relación con nuestra comunidad educativa : franca, sincera y jubilosa.

A partir de hoy formarás parte de otro equipo… celestial … sublime… los ángeles festejarán tu arribo y aquellos seres queridos que te dejaron hace un tiempo atrás, te recibirán en la morada del Padre… Todo será paz, luz y felicidad eterna. Disfruta inmensamente por toda la eternidad.

Es el deseo de tus compañeras de la vida, amigas del alma… tus queridas mamertas.